domingo, 19 de abril de 2009

Agualuna


Me encantó la historia que cuenta este libro. Tiene algunas ilustraciones que no están mal, pero, en general, prefiero que no tenga ninguna porque así puedo imaginarme la cara de los personajes, dónde viven... Si tuviera que puntuarlo le pondría un 8'5/ 9. Si tuviese la oprtunidad de hablar con el escritor le pediría que alargase el libro e intercalase más historias.

Nerea T

Kika Superbruja y el hechizo de la Navidad

Me gustó mucho este libro, porque me encantan la magia, las brujas...y esta vez en un ambiente navideño. Toda la colección de Kika Superbruja suele estar muy bien. Mi puntuación es de un 8. Hay otros que me gustan más,así que no le doy un sobresaliente.

Iria M.

Creo que hay libros mejores en la colección de Kika. Este me ha parecido un poco aburrido. Le doy un 6.

Antía C.

Dos mundos diferentes y ...un gran amor


Había una vez una chica llamada Romina. Su familia era muy pobre y un día decidió ir a buscar comida.
Cerca de allí había un castillo que pertenecía a un rey llamado Jesús. Su hijo Alberto era muy agraciado y todas las chicas del pueblo suspiraban por él. Pero él ya estaba comprometido con una duquesa muy hermosa llamada Celia.
Como en el castillo andaban faltos de personal, Jesús ofreció un puesto de criada a Romina y esta, muy contenta, aceptó. Era el trabajo perfecto porque ,desde su posición, podría contemplar al bello príncipe.
Todos los días veía a Alberto y Celia, felices por los pasillos del castillo, hasta que, un día Romina, mientras estaba limpiando las habitaciones, oyó una gran discusión entre ellos acerca de un conde. La pelea fue subiendo de tono hasta que Celia dejó a Alberto.
El príncipe estaba muy triste, y su humor cambió. Sólo Romina lo apoyó en cada momento y le ayudó a pasar el mal trago.
Nadie sabe aún como, pero el apuesto príncipe se enamoró poco a poco de la criada.
Pasado un tiempo Alberto le ofreció a Romina un paseo por el laberinto del castillo.
Allí, la llevó hasta un lugar que sólo él conocía. En aquel escondite, Alberto le declaró su amor y le pidió que saliese con él. Romina, incapaz de articular una sola palabra, se fue corriendo a limpiar las 40 habitaciones del castillo. Alberto no sabía qué pensar. Al regresar al castillo se encontró con Celia, que había vuelto para recuperar su amor.
Romina estaba muy triste porque Alberto y Celia se habían reconciliado y ya ni siquiera la miraba. Pero el príncipe, que seguía pensando en Romina, se fue dando cuenta de que Celia solo estaba con él para fastidiar al conde que la había abandonado.
Romina no podía aguantar ver como Celia le hacia daño a Alberto, renunció a su trabajo porque no podía resistir aquello.
Alberto, cuando se enteró, salió en su búsqueda, pero no la encontraba por ningún sitio, estaba lloviendo y Alberto sabía que no podía estar muy lejos. Al llegar la noche Alberto ya se daba por vencido y estaba pensando en volver a casa. Cuando se estaba aproximando al castillo, escuchó unos llantos que procedían de un cobertizo.
Se acercó y allí estaba ella, llorando. Él intentaba explicarle lo que había sucedido pero ella no le escuchaba. Romina se quería ir porque pensaba que aquello eran todo mentiras, pero Alberto no la dejó marchar, la agarró fuerte por la cintura y la besó.


Sara V.

miércoles, 14 de enero de 2009

Una cola interminable y una charla insoportable



-Hola, ¿ qué tal te va todo?

-Muy bien gracias.
-¡ Menuda cola la de hoy! ¡ No es justo! Cuando me llegue el turno, ya no va a quedar nada pan, ni petitsuisses, ni esas galletitas tan ricas, que, por cierto, se parecen mucho a las que hacía mi madre. Pero ahora ya no hace, dice que no tiene tiempo. Por eso siempre vengo a esta panadería a buscarlas, pero hay mucha cola y no puedo comerlas y eso no me gusta nada...
-¡Ah! ¡ Qué interesante!
-¿ Y tú? ¿ Qué vienes a comprar? ¿ No será una tarta de cumpleaños? La de merengue está muy rica, aunque yo prefiero la de galleta. Y también está la de fresa o la mousse de chocolate, sin olvidarme de la de Santiago. Y hay muchas más. A mí me gustan todas. Menos la de queso ¡ Agh! Odio el queso. Es superior a mí. Ya sé que te pareceré un poco rara, pero es que no puedo ni verlo. Lo que sí me gustan son las judías. Son mi plato favorito.Y las zanahorias, el brécol, la lechuga, la patata cruda, todo tipo de frutas...
-¡ Alto, alto, alto! Por si no te has dado cuenta, estamos en una panadería, no en un supermercado. Y, por favor, cállate.
-Sí, lo siento...y ¿ De quién es el cumple? ¿Tuyo? ¿ Cuántos cumples? Si no te importa decírmelo, claro.
-No es mi cumple.
-Ah. Entonces, ¿ Vienes a por una bandeja de pasteles para una cena o una comida? Pues aquí son riquísimos. Puedes llevarte petitsuisses, cañitas, merengues, trufas, pasteles de frutas, mini caracolas, cristinas de nata o de crema... Yo no podría elegir porque estám muy buenas las dos. Mi madre siempre...
- ¿ Sabes qué? ¡ADIÓS!
- ¡ Pues vaya! ¡ Qué desagradable! Una ya no puede ni hablar.



Alba Mª